LA COMUNICACIÓN: MÁS QUE HABLAR Y ESCUCHAR
La comunicación es una actividad
ineludible, inherente a la
cotidianidad; vivir es comunicarse: el nuevo
ser que viene
al mundo transmite
dicha y ternura
a sus progenitores, es energía vital
en su máxima
expresión, un anhelo consumado
y compartido. Las pataletas
de inconformidad, el llanto
estridente de caprichoso
deseo, la risa contagiosa
de bienaventuranza, es en
esencia expresión comunicativa. Desde
que nacemos y a lo largo de la existencia estamos
comunicando: sentimientos, estados
de ánimo, emociones, ideas,
filosofías, etc. Y en
el transcurso de
la vida el
desarrollo de las
habilidades para comunicar
se van potencializando o
se malogran, dependiendo de la calidad
del entorno comunicativo
que nos rodea, además del
uso de herramientas
esenciales que enriquecen
la adquisición de
las diferentes habilidades. Comunicar es
más que hablar
y escuchar: es un
lenguaje integrado que
permite abordar desde
diferentes campos de
estudio como la
psicología, biología y/o las
neurociencias el estudio
de la comunicación
y los procesos
que intervienen en
el desarrollo de
la cognición humana. Plantear la
competencia comunicativa desde
el ámbito de
relación, es decir: cómo debe
ser interpretada la
información y resaltar
la valía de
la didáctica en
el desarrollo de
las destrezas expresivas
del lenguaje integrado, es
la intención del
autor, que reconoce la
primacía del ser,
antes que el
pensar.
La comunicación
es una “comunión
entre personas, perfectamente acabada. Es
una existencia que se comparte
con otra […], una auténtica
fusión de dos
personas. De algún modo
misterioso y casi
indefinible la otra
persona se convierte
en un ser
especial ante mis
ojos, en una parte
de mi mundo. Esto
es lo que
los psicólogos existenciales
llaman encuentro. Y la
materia de la
que está hecha
el encuentro es
la comunicación sincera”. (Powell, 1989, pp. 35-36).
Indudablemente, lo que nos hace auténticos
humanos es la
capacidad para comunicarnos, es imposible
dejar de transmitir
lo que sentimos
o pensamos. Para bien
o mal estamos comunicando. Proporcionalmente al uso
que se le dé a los factores propios de la comunicación se
establece la calidad de las
relaciones que sostenemos
con nuestros semejantes
y permite la
subsistencia de los
sistemas sociales, tales como las
interacciones familiares cotidianas,
las conexiones entre
organizaciones y las relaciones
internacionales. Se ven malogrados cuando
se presentan falencias
o dificultades en
el intercambio comunicativo,
lo que supone, el
problema frecuente de
los espacios de
interacción.
Una de
las ciencias que
permite abordar el
estudio de la
comunicación desde el
aspecto de relación
y que constituye
un amplio campo
de estudio de
las ciencias del
lenguaje integrado es
la psicología, que plantea
que las palabras
en sí mismas, no
tienen otro significado
que aquel que
cada individuo le
asigna, pues los significados
están en las
personas, no en las
palabras. Busca, sobre todo, la
explicación de la
conducta en entidades
mentales, en estados, procesos y
disposiciones de naturaleza
mental, los que considera
su objeto de
estudio. La TGS (Teoría
General de Sistemas)
afirma: “lo que
es realmente información
depende de las
condiciones previas del
sistema receptor”.
El
papel más importante en la
comunicación, sin lugar a
dudas lo constituye
el nivel de
relación; es la forma como articulamos la información, es decir, las
disposiciones mentales o
actitudes que a
su vez permiten
forjar aptitudes para
un intercambio comunicativo
productivo y enriquecedor.
-Cassany (1994)
en su libro Enseñar
Lengua afirma lo
siguiente:
A nadie
se le escapa
lo que estropean
un discurso y una situación
comunicativa los tonos
inadecuados, las
manifestaciones agresivas,
el talante tenso, los
gestos poco respetuosos
o intimidatorios por
muy sutiles que
pretendan ser. Del mismo
modo, todos sabemos lo que ayudan
a la comunicación
los gestos que
inspiran serenidad, sosiego,
empatía o conexión
comunicativa tales como
la modulación adecuada
de la voz, el
tono cercano y
cariñoso, la simpatía, la clave
de confianza o
el énfasis de
complicidad positiva que
genera sintonía emotiva
y comunicativa.
Son muchos
los factores que nos obligan
a comunicarnos, el interés
que en un
tiempo se le concedía al
desarrollo de habilidades para lograr
empatía y sintonía
emotiva en determinado
entorno comunicativo no
fue tenido en
consideración, por el hecho
de pensar que
en eso no
es necesario invertir
tiempo y energías
pues todos poseemos
en mayor o menor
grado aptitudes innatas
para comunicarnos, hoy
día se hace
énfasis en el
desarrollo de las
destrezas comunicativas desde
la filosofía educativa, como parte
esencial del desarrollo
del ser en
sus dimensiones esenciales: mental, espiritual y
social lo que
contribuye a la
estabilidad emocional de
cada individuo y a lo
que se conoce
en la teoría
de los sistemas
como conservación de
la identidad (entropía).
Retomando la
importancia de los
factores psicológicos que
intervienen en la
transmisión de la
información nadie debiera
obviar la comunicación
aduciendo que es
algo común y
corriente, y presumir que
el manejo de
la oralidad es
una destreza que
tenemos de modo
“natural” como los
rasgos de nuestra
personalidad. Más bien, nos compete
adherirnos a la vanguardia de
los descubrimientos científicos
que permiten diagnosticar
las falencias en
los sistemas sociales
y tomar resoluciones
prácticas para crear
espacios de comunicación
que propicien auténticos
encuentros con nuestros
semejantes, reconociendo
siempre el papel
fundamental de los
procesos (biológicos, psicológicos, etc.) que intervienen
en la consolidación
de las destrezas
comunicativas del lenguaje
integrado.
Saber escuchar,
saber interesarse, ponerse en
lugar del otro, compartir un
tema en común, deleitar a
través de la
palabra para impartir
conocimiento, buscando no meramente
satisfacer un interés
individual sino también
colectivo en pro
del bienestar común,
tan solo son
algunas de las
prácticas que provee
de grandes satisfacciones a
quien se apropia
de ellas y
entiende que así
como la materia (cuerpo) no
puede separarse del
aliento de vida
para poder subsistir, en
expresión comunicativa somos
nosotros mismos nuestra
propia carta de
presentación, en otras palabras, no
solamente somos lo
que decimos sino
particularmente la disposición
y el talante
con que lo
manifestamos.
Si sembramos
pensamientos, cosecharemos
acciones; si sembramos acciones, cosecharemos hábitos; si
sembramos hábitos, cosecharemos un
carácter, al sembrar un
carácter, cosecharemos
nuestro propio destino. De
la importancia con
que consideremos la
expresión comunicativa y
sus repercusiones en
el vivir cotidiano, y
en la medida
en que las
buenas prácticas comunicativas
modelen nuestros hábitos
y carácter, entonces
la marca indeleble
que dejamos en
nuestra travesía por
la vida no
será menos visible.
Félix Cortés
escribe: “La incomunicación nos
deshumaniza, usar el don
como instrumento positivo, como herramienta
para promover acreditados
encuentros con quienes
nos rodean es
una responsabilidad que
se nos confía”. Es
un deber que
merece nuestra fidelidad, energías y disposiciones, una tarea
que, bien cumplida retribuye
con creces al que no
escatima fieles esfuerzos.
Es imposible
recoger lo que
no sembramos. Entender que
la comunicación es
mucho más que
hablar y escuchar
debe estimularnos a
hacer de la
comunicación una experiencia
práctica y no
monótona. Disfrutar del aprendizaje
de las pautas
para una comunicación
asertiva es clave
en el desarrollo
de las destrezas
comunicativas del lenguaje
integrado.
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