RESEÑA DEL LIBRO: PAÍS DE PLOMO, QUINTO CAPÍTULO
Los efectos sutiles de la guerra no se hacen esperar y el lóbrego panorama de Regencia, un caserío en el sur de Bolívar, refleja la
larga agonía; la desolación pura de los efectos del conflicto. Al igual que
peque, Regencia es un epicentro más de la guerra abandonado y olvidado por el
gobierno. Juanita de León hace un recorrido junto con funcionarios del Comité
Internacional de la Cruz Roja (CICR) a quienes las víctimas ven como sus
salvadores, como la única esperanza, los besan y los abrazan, convirtiéndose
esto en la parte más gratificante de los funcionarios.
¿Han visto algo raro en el camino? fue el escrupuloso interrogante
de los soldados en Nechí (Subregión del bajo Cauca del dpto. de Antioquia) a
causa de la neutralidad en el conflicto del
organismo internacional humanitario. Los militares detuvieron a Juanita
y a los del CICR por algunos instantes en ese lugar, dejando ver por la manera
en que los interrogaron, su molestia por los funcionarios.
Mientras guerrilleros, paramilitares y autodefensas se
disputan territorios clave de la geografía colombiana como la serranía de San
Lucas (sur de Bolívar), propicios para el cultivo de coca y ricos en oro,
además la conexión que tienen con otros departamentos, las víctimas del conflicto
ven en los organismos internacionales un alivio a su agónico sufrimiento, tanto
así que guardan como talismán los almanaques del CICR, poniendo en evidencia la
fianza que profesan a la organización en medio de la horrible pesadilla del
conflicto, porque después de todo, como humanos prevalece la necesidad de poner
la confianza en alguien y más aún cuando está en peligro la integridad o
incluso la vida misma.
Enfermedades tropicales como la malaria y el paludismo
proliferaban de forma abismal. Niños llorando con fiebre de 40°c, a la par de
sus madres que esperaban ser atendidos en la brigada de salud del CICR irradian escenas dolorosas de esta guerra que no tiene cuando acabar. La
guerrilla ha expatriado a médicos, saqueado farmacias, se han llevado el equipo
de comunicación, desencadenado desgraciadamente para la población regense el
colmo de males. Según la Sociedad Colombiana de Pediatría, para evitar
epidemias se requiere una cobertura de vacunación del 95 por ciento, en zonas
de guerra, ésta no alcanzaba ni a la tercera parte de los niños. Esto apenas
era “principio de dolores”.
La participación del CICR es destacable en el
escenario del conflicto armado en Colombia, aunque si bien es cierto este
organismo no pudo poner fin a la lucha armada, la labor humanitaria que
realizó fue un atenuante del sufrimiento de no muchas víctimas desafortunadamente
involucradas en el conflicto que han tenido que arrostrar, a fuerza de voluntad
y llenos de impotencia, las consecuencias de disputas de recursos de los cuales Dios es señor y amo.
Dios no ha abandonado a los habitantes de Regencia, a
los que han infringido tanto mal les espera el juicio en el tribunal Divino puesto que “Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos
hecho en secreto, sea bueno o sea malo” (Eclesiastés 12: 14 NTV), y a los que
lloran se les afirma: “Bienaventurados, porque recibirán consolación” (Mateo 5:
4 RV95), y a los que buscan la paz: “Bienaventurados los pacificadores, porque
serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5: 9 RV95).
Muy interesante amigo
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