RESEÑA DEL LIBRO PAÍS DE PLOMO, SEGUNDO CAPÍTULO
Luego de dieciséis años de tomar parte activa en la
guerra, conducido por una cadena de avatares que permiten que pueda estar
contando parte de su historia cuando integraba las filas del Ejército de
Liberación Nacional (ELN) donde había ostentado el cargo de jefe político,
Oswaldo, quinto de doce hermanos, hijo de un albañil y de una lavandera de
ropa, estaba confesando al fin y al cabo que de balde había sido tanta lucha, que
a esas alturas de la vida en 38 años de conflicto entre guerrillas,
paramilitares y autodefensas se sentía decepcionado. <<Llevamos 38 años
en la lucha, ¿en qué estamos? He vivido una vida de perros, ¿para qué?>>
puntualizó a Juanita de León en una entrevista en octubre del 2002.
La posibilidad
de exiliarse en las montañas cargando un fusil se interpuso en su sueño de
convertirse en un líder sindicalista, o con ser el jefe de una gran empresa
como Ecopetrol. Criado en medio de una incubadora de guerrilleros como lo fue
Barranca en su entonces, acomodo de desplazados por la violencia y foráneos
atraídos por la bonanza petrolera, Oswaldo pronto comenzó a repartir volantes
del ELN por todo el pueblo ribereño y vaticinaba acerca de sí mismo: “este va a
ser mi destino”.
La incursión de los iniciadores de la guerrilla de
orientación castrista, se produce algo más de dos décadas antes de que Oswaldo
en el año 1986 se alistara para engrosar las filas del ELN. En 1964, Fabio
Vásquez Castaño junto con algunos adeptos de la revolución cubana, escogieron
San Vicente de Chucurí, municipio aledaño a Barrancabermeja como lugar de
operaciones. Luego de cinco años de vida rural, Oswaldo, con el consentimiento
de su comandante empieza a trabajar de forma clandestina en Barranca, en el Frente
Urbano Resistencia Yariguíes (FURY), que a su vez tenía relación con la Unión
Sindical Obrera (USO), encargada de liderar acciones que demandaran la
prestación de servicios públicos en las comunas orientales. Su labor consistía
en respaldar el trabajo de guerrilleros del FURY.
Son múltiples los acaecimientos en toda la extensión
del Magdalena Medio durante la prisión de Oswaldo en 1996 cuando es condenado
por rebelión, hasta mediados del año 2000: Las Autodefensas Unidas de Colombia
(AUC) comienzan a ganar terreno, especialmente en el epicentro de la guerra.
Para lograrlo propiciaron ataques al ELN y a columnas de las FARC,
desencadenando cientos de deserciones de guerrilleros.
A lo largo de esta disputa entre guerrillas y
paramilitares por el control petrolero en Barrancabermeja, capital del
Magdalena Medio, cuyas arterias conectan con el centro y la costa, miles de
inocentes son víctimas de atentados y retaliaciones de parte y parte, los
jóvenes en los pueblos como Micoahumado cundidos por los grupos armados no
tienen de otra que colaborarles, porque en esta guerra mueren primero los
civiles.
Para mediados del 2001, las AUC eran la autoridad en los
barrios populares, para ese entonces Oswaldo ya había vuelto a Barranca,
algunos del ELN, excompañeros suyos quienes ahora integraban las filas de las
autodefensas tenían órdenes de su comandante para “pelarlo”. Oswaldo buscó
refugio donde un familiar en Bogotá y posteriormente se entregó al programa de
reinserción del gobierno y empezó a rehacer su vida como civil, aunque su
pasado le torturaba. Su historia no es del todo triste, porque después de todo,
por lo menos la estaba contando.
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