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La búsqueda de una paz inmarchitable

EL PAPEL DEL COMUNICADOR SOCIAL EN LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ
Ese feliz estado de tranquilidad, reconciliación y sosiego es un deseo tan humano como el anhelo de eternidad que Dios ha puesto en cada corazón, se aspira a un estado de gozo completo y felicidad y es tan normal rebelarse contra la incomodidad, el sufrimiento y el dolor; si bien, esto es cierto en la esfera individual y personal, a nivel de sociedad nadie desea conflictos o disputas con nadie y se apela a la concordia entre pueblos y razas. Infortunadamente se siguen motivando las luchas fratricidas, y el uso de la guerra y la violencia para dirimir las diferencias humanas no es menos notorio que en épocas de antaño. La paz ha sido constituido un derecho inalienable de todos los ciudadanos y una búsqueda de primer orden y en este sentido, la voz del comunicador social no solo se orientará a la información puntual y veraz de los sucesos que giran en torno a la construcción de paz, sino que estará en la capacidad de proponer ideas útiles y generar espacios que propicien la paz. Ha de impartir el concepto de “paz” más allá del ámbito de lo político, lo económico o lo militar y resaltará su trascendencia espiritual, tal como declaró Jesús, el maestro por excelencia de la humanidad: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo”. (S. Juan 16: 33, NTV).
<<La guerra siempre es una tragedia, un terrible fracaso de la humanidad. Ya no sólo por lo obvio –muerte y destrucción- sino también por sus consecuencias, que se prolongan hasta el infinito: deformaciones de todo tipo, mutilaciones, maneras de pensar paranoicas… Y el odio>> (Ryszard Kapuscinsky). La guerra es la consumación del odio, fraguado por quienes defienden intereses mutuamente antagónicos. Sin llegar a instancias degradantes, es posible pelear por los derechos; la guerra no es más que el término para defender caprichos utópicos, luchar contra lo que no puede cambiarse, contra lo que ya está establecido, infringiendo a su paso leyes morales, civiles, estatales, etc. El comunicador social ha de fomentar la paz, elevando los principios que, puestos en práctica ayudarán a su preservación. Entenderá que la guerra es un estado antinatural y asimismo expondrá a la sociedad que dicha condición es “un terrible fracaso de la humanidad”.
En una entrevista concedida al diario “El Tiempo” en noviembre del 2014, el pensador español Fernando Savater, uno de los más importantes filósofos de nuestra época declaró: “Para mí, la mejor revolución es la educación. La educación es la revolución sin sangre más eficaz, es la que combate las situaciones de atraso, de injusticia, etc. Los verdaderos revolucionarios prefieren ser educadores, prefieren una educación pública, laica, de calidad. Como revolución, la educación es a largo plazo. Los efectos de la educación se ven con los años. Ahí tiene usted, por ejemplo, Estados Unidos: las leyes del presidente Johnson que acabaron con la discriminación en las escuelas permitieron que, 40 años después, un afroamericano fuera elegido presidente de Estados Unidos”. Tocante a esta declaración es preciso señalar que, otro de los roles del comunicador social en la construcción de paz es hacer hincapié en la educación integral como medio más eficaz para soslayar los conflictos y la guerra y mantener la armonía entre los pueblos. Al hablar de educación integral, es necesario destacar el componente que le da sentido y dirección a los demás: la dimensión espiritual del ser humano. Cuando se pretende educar tirando por la borda este aspecto, la educación se malogra; se vuelve árida y formalista. En el cultivo de los principios basados en el amor (a Dios y al prójimo) están los pilares de una educación perdurable y que en ninguna manera inculcará a quien la recibe cualquier ideología de guerra.
El autor de la vida afirma en su santa palabra que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas y los grandes ejercen potestad. Pero tal no es el modelo que declara como válido, pues aduce: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. (Mt. 20: 26-28 LBLA). En muchas ocasiones, a lo largo de la historia, los gobernantes han sembrado ideales de guerra manteniendo los pueblos en ignorancia, granjeándose con esto el protagonismo. Estos períodos sombríos no son sino infaustos recuerdos, porque donde se suprime la educación, se suprime también la posibilidad del avance de un territorio por medios mucho más dignos y encomiables y al hacerlo se han olvidado de las palabras que hasta el día de hoy se mantienen vigentes: Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo (1 Cor. 10: 24). Es innegable la existencia de los conflictos. Los hay en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la nación, etc. Lo que se sugiere es adoptar un modelo de resolución en donde todos busquen el bien del otro, en concordancia con la palabra de verdad, en vez de contemplar la guerra como vía de salida.
La guerra es un camino fácil y de mínimos esfuerzos. La paz requiere de energías ardorosas y perseverantes, pero provee de muchas satisfacciones a quienes se empeñan en ella. La paz es el resultado de abordar los conflictos y las situaciones de tensión con sentido moral y espiritual, es el producto de vivir en armonía con los principios de la Ley de Dios que atañen la felicidad y el gozo de las multitudes.
¿Hacia dónde apuntarán los esfuerzos del comunicador social, cuándo de construir paz se trata? ¿No será su voz el instrumento que proclame que la paz no es un fin en sí mismo, sino más bien un camino?  ¿Dónde radicará la fuerza de sus argumentos sino en recalcar al mundo la trascendencia de lo espiritual y eterno como elementos esenciales de una paz duradera?


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