HIBER
Y ALEXANDER GUTIÉRREZ, "UNA TERTULIA ENTRE LA GENERACIÓN ADULTA Y LA GENERACIÓN
JOVEN"
El lunes 29 de enero del
2018, una vez finalizado el programa radiofónico Mirador Comunitario en la
estación central de Ebenezer Stereo, el cual estaba integrado en esa oportunidad por Luis
Alberto López (“Lucho”) en la dirección general, Víctor Murgas Martínez en la producción sonora, Hiber Gutiérrez como panelista del programa y Alexander Daniel Gutiérrez, "la voz juvenil del mirador" cumpliendo la misma función y en el cual “Lucho” se motivó
a referir: -Este es el equipo de los Gutiérrez-, al inicio del espacio radial.
Recibimos la invitación de Hiber a comer
arepas de queso y agua e’ maíz donde la “negra”, en la zona
céntrica del municipio de La Paz frente a un costado del parque de las almojábaneras.
Se debía marchar al siguiente día a la ciudad capitalina y tuvo a bien
regalarnos esa “atencioncita”, tal como él mismo lo expresó. Ya había cumplido
10 días en su pueblo vernáculo, los cuales fueron suficientes para recargar
energías y proseguir con sus responsabilidades de trabajo en la fría Bogotá.
Eran poco más de las 5 p.m., ya el ocaso comenzaba a desdibujarse. “Lucho” se
comió una arepa con agua de maíz, Alexander Gutiérrez (quien escribe) se comió
dos y ambos agradecimos la cortesía de nuestro coterráneo y gran amigo. -Esas
arepas agradaron a mi paladar, son exquisitas-, manifesté efusivamente a la
negra, a Hiber, a Lucho y a quienes allí se encontraban degustando tan sin
igual preparación.
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| De izquierda a derecha: Víctor Murgas Martínez, Hiber Gutiérrez y Luis Alberto López |
Desde el día que tuve la
oportunidad de saludar y conocer a Hiber personalmente en la cabina de
Ebenezer Stereo concebí la posibilidad de una entrevista, así que venía hablando
con él para cuadrar el día y la hora de aquella conversación reveladora que
hasta el momento había sido esquiva por algunos factores. Le dije que quería
colgarla en mi blog y dejar plasmado algunos detalles de su vida, de tal manera
que no sólo pudiera quedar un registro sino además un ejemplo inspirador en
las nuevas generaciones. Hablamos de postergar la entrevista para su próxima
visita, pero “Lucho” determinantemente afirmó: ¡estamos perdiendo tiempo!
hagamos esa entrevista allá en la plaza (Olaya Herrera). Nos dirigimos entonces
hacia aquel lugar, testigo de muchas ediciones del Voces y Canciones. Caída la
noche, pasadas las 6 p.m. en una de las bancas mirando hacia el colegio San
José, donde me acaecieron inolvidables épocas como educando me volví “solo
oídos”, salvo las preguntas con las que interpelaba de manera candorosa buscando no pasar por alto ningún aspecto de su vida. “Lucho”, en la banca
contigua donde nos encontrábamos Hiber y yo era un observador silencioso de
aquella charla agradable. En la plaza y en las calles se sentía una relativa
tranquilidad, prevalecía un ambiente que resultaba propicio para discurrir
sobre temas de carácter antológico y de selectas épocas donde reinaron en su
momento la paz, la armonía y la concordia.
Hiber Gutiérrez, oriundo de la
“capital de las almojábanas”, nacido en el año de 1961 comienza relatando
acerca de sus años de infancia y juventud:
Fue una época muy feliz como
la vivieron los niños de ese tiempo, una infancia pueblerina rodeada de coterráneos
de la misma edad. Eran épocas sanas y alcanzamos una plenitud en materia de
sanidad y tranquilidad. Mis primeros estudios fueron en la escuela Urbana de
Varones, luego una parte del bachillerato en el colegio Ciro Pupo Martínez y
otra en el Colegio Nacional Loperena, donde concluí mi secundaria. Respecto a
la universidad, alcancé a hacer en Bogotá unos estudios de comercio exterior.
Siempre he sido inclinado por la filosofía, las letras y los temas sociales. A
lo largo de la vida me he caracterizado por la cercanía con la gente y la
sencillez en procura de conservar la esencia.
P:
¿A qué se dedica actualmente?
R/
Me
desplacé a Bogotá, donde trabajé en la secretaria de tránsito; de ahí se
desprende mi oficio actual que es la asesoría en materia de transportes y vehículos y es el renglón que yo manejo.
Eso me ha dado para salir adelante con la familia y educar a los dos hijos, de
los cuales el varón es enfermero superior y la mujer es pedagoga.
P:
¿Quiénes fueron sus padres?
R/
Soy
hijo de Antonio de Gutiérrez, finquero de la época y Carmen Aroca, ama de casa; fallecidos
ambos. Tengo seis hermanos profesionales al servicio de la sociedad. Destaco
la labor de mis padres y los padres de la época que lucharon por dejarles un
patrimonio moral e intelectual a sus hijos. Esos fueron mis viejos. Los hijos
son el reflejo de los padres, un reflejo constructivo en beneficio del prójimo.
P:
¿Cómo surge esa afinidad o gusto por el periodismo?
R/
Esa
chispa viene de mucho tiempo atrás. Desafortunadamente no pude realizar
estudios de periodismo pero siempre me llamó la atención la esfera de lo
social. En la secundaria siempre tuve tendencias a áreas como la filosofía y
español. En aquella época del Ciro Pupo Martínez que existían los centros
literarios siempre estaba atento a la participación mas no a los primeros
lugares, pues nunca he sido dado a eso sino más bien a sobresalir en un sentido
prudente. De ahí viene la afinidad con la comunicación social, con ese
periodismo que lo hacemos a través de Ebenezer Stereo.
P:
¿Cuáles son las profesiones de sus hermanos?
R/
Mi
hermano mayor es abogado, bastante conocido, escritor y contribuyente a la
cultura del pueblo de La Paz y del departamento del Cesar. De las mujeres tengo
dos hermanas abogadas, ya pensionadas; otra dedicada a la docencia ya también
pensionada y de los demás varones está un ingeniero industrial que ha ocupado
unas posiciones en el sector público y otro se dedicó a labores agrarias y yo
que soy el último de todos, me dediqué a la asesoría en materia de transporte.
No dejando de lado ese ámbito social que nos identifica a todos en casa.
P:
¿En qué año emigra hacia la capital?
R/
Partí
a la ciudad de Bogotá en la década del 80, más precisamente en el año 1984 con
fines de estudio pero me desvié de lo académico y empecé a descubrir la parte
laboral y comercial, por eso los estudios fueron inconclusos. Pero esa
experiencia de vida es además una academia que nos va formando con valores y
nos convierte en ciudadanos productivos que es lo que se quiere.
P:
¿Cuál es ese valor, aporte o legado que siempre quiere transmitir a sus
paisanos y a las personas en los lugares a donde va?
R/
Pienso
que la huella de cada ser humano debe ser visible y además de visible,
positiva. Esta es la hora y todavía en el municipio de la paz nuestros
ancestros están vigentes; vivos en el recuerdo y en el legado nuestro. El
anhelo es que ese legado no muera, sobre todo en los cambios generacionales donde estamos viendo revoluciones tanto culturales como étnicas, revoluciones
que nos permiten dilucidar la sociedad a través de esa frase coloquial: “el
mundo está patas arriba”, ahí hay muchas libertades, el mundo está
convulsionado pero yo defiendo ese sello de rectitud que es la huella que
debemos dejar para las futuras generaciones.
P:
Hoy por hoy, nuestro municipio y Colombia entera sufren un vuelco total de
esos valores del pasado ¿Qué considera usted que es necesario inyectar en las
juventudes de hoy? ¿Qué cambios deben hacerse? Desde el ámbito socio-humanístico ¿Qué mensaje proclamaría a la juventud actual?
R/
Es
una gran responsabilidad que tiene la juventud con el futuro debido a ese
relevo generacional. El mensaje es que sobre los jóvenes recae el bienestar del
mundo, las grandes decisiones en beneficio de la humanidad están en mano de
los jóvenes. Yo inyectaría autenticidad; que desarrollen un criterio propio,
una identidad. Un joven seguro de sí mismo es un gran potencial que aporta a la
sociedad y a la humanidad. Me preocupa mucho lo que se está viviendo: una
juventud distante del norte, del ideal. El llamado es a recuperar la identidad.
Los jóvenes son los programadores del mundo futuro y un arquitecto del mundo
futuro debe tener muy buenas bases para hacer un plano de un mundo donde todos
podamos vivir.
P:
¿Tiene usted alguna afinidad política?
R/
Poco,
si se trata de política tradicional. Por naturaleza yo creo que hay dos
conceptos básicos: Democracia y Libertad, el respeto de los ideales entre los
seres humanos es la mejor política. Siempre acostumbramos a ser liberales y
conservadores adoctrinados, hoy en día proliferan conceptos políticos que son
de mucho respeto pero hay dos conceptos que yo procuro defender siempre y son
los mencionados anteriormente. Una política con prudencia y mesura es algo muy
importante. Política es el arte de ver hacia el futuro en pro de los
semejantes; ojalá ese concepto no se desfigure. En la política tradicional
pulula la deslealtad y no fuimos criados con esos fundamentos. Mejor me quedo
con mis amigos y no con la política, de eso si estoy bastante seguro.
P:
Desde esa perspectiva cristiana y moral que le caracteriza ¿Cómo podrían
rescatarse esos principios esenciales? En los diferentes ámbitos nuestros
puntos de vista son limitados, pero si no dejamos de considerar esa esfera
primordial ¿Qué efectos podría generar el rescate de esos valores cristianos en
nuestro municipio?
R/
El
rescate de esos valores es fundamental. Ahí está el cimiento del ser humano y
su formación, me atrevo a decir que es el 100% de la naturaleza humana. Un ser
humano que no tenga temor de Dios es un ser insensible. Si adolecemos del
respeto y temor a Dios, de lo que enseñan las sagradas escrituras, no tenemos
sociedad, país, ni ser humano. La afinidad con ese ser supremo es sustancial;
si no lo llevamos como bandera en nuestra vida no tenemos nada.
PARTICULARIDADES
DE SU JUVENTUD
En la era en que vivió, había
mucha inocencia. Si se adolecía de algo, no se notaba, precisamente por la
pulcritud de la época. Hoy, gran parte de la historia es desconocida por la
sociedad, solo queda en los recuerdos. Existía el pozo de los laureles, el pozo
ribita, el chorro en su época, el juego de boliches, trompos, el escondido, el
maíz crecido; esa fue su infancia, la vivió en toda su plenitud y amplitud con
todos esos compañeros que hoy día algunos son profesionales, y otros se
quedaron en la informalidad. Fue la época de los amores platónicos y de las
serenatas.
En el parque Olaya Herrera que era conocido como el “Parque San José” habían una serie de pinos y figuraba
un altar a la virgen María, además una estatua de San José que miraba al
colegio, por consiguiente el colegio recibió ese nombre. Fue algo bonito porque
venían al colegio de “las monjas”, constituido por aquella generación de
mujeres donde se dictaban cursos de manualidades, regalaban alimentos y había
una formación integral. Eso hizo parte también de su juventud. Se reunía con
Lucho López, Darío García, Alirio Cotes, a hablar de temas de filosofía; se nutrían
en el día y en la noche comulgaban a debatir conceptos. Era una competencia
didáctica. Del “Olaya Herrera” salían para el chorro, al pozo ribita o a coger
grosellas allí en el espinal, iban a coger mamón, cotoprí, hoy día no se ve
eso; la juventud tiene otros horizontes. Iban a dar serenatas a la Normal
Superior de Manaure, Cesar. Eran hazañas macondianas, una cosa sana, había un
respeto infinito por la mujer y un sinnúmero de distintivos. El “Olaya
Herrera” por ejemplo, está lleno de recuerdos que hoy solo prevalecen en la
memoria de algunos. El parque lo han reestructurado varias veces; allí se congregaban
todos en medio de higos y pinos con el mayor respeto y prudencia, no se veía un
cigarrillo en la boca, una botella de licor, eso era, por decirlo en un término,
inmaculado. La Paz tenía muy pocos habitantes y se veía esa calidad humana. Toda
la juventud de la época vivió muy feliz.
Hiber Gutiérrez era alguien
de quién solo escuchaba hablar, hasta que el 29 de diciembre del año 2017 tuve
el privilegio de saludar a través de una llamada al aire. Se encontraba en
Bogotá donde reside hace algunos años y en esa ocasión hizo un reportaje para
el programa de "Lucho", con quién tiene gran afinidad. El 23 de enero
del 2018 Dios me regaló la dicha de estrechar la mano a Hiber, ese amigo a quién
“de oídas lo había oído"... Y ahora, desconociendo que ese día me lo
encontraría en el pueblo, por primera vez estaba haciendo equipo en el “Mirador
Comunitario” con tremendo ser humano. Hiber es de esos viejos y buenos amigos,
aunque el tiempo diga que apenas nos conocimos hace algunos días. Con mucha
“tela por cortar” terminó aquella conversación el 29 de enero, conversación
que se mantiene perenne a pesar de las distancias y los tiempos, conversaciones
entre generaciones adultas y jóvenes es lo que debe seguirse replicando.
“Un
joven seguro de sí mismo es un gran potencial que aporta a la sociedad y a la
humanidad. Me preocupa mucho lo que se está viviendo: una juventud distante del
norte, del ideal. El llamado es a recuperar la identidad. Los jóvenes son los
programadores del mundo futuro, y un arquitecto del mundo futuro debe tener muy
buenas bases para hacer un plano de un mundo donde todos podamos vivir”.
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| Hiber y Alexander Gutiérrez |


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