RESUMEN DEL LIBRO: “PA QUE SE ACABE LA VAINA” DE WILLIAM OSPINA
El libro comienza diciendo que hace medio siglo, Colombia vive uno de los conflictos políticos más dramáticos, y lo más alarmante de esta situación es que resulta imperceptible para el mundo. Ni siquiera la novela “Cien años de soledad” habría logrado visibilizar en su totalidad al país y entonces tuvo que ocurrir la novela oscura del narcotráfico para que otro ámbito de esta realidad irrumpiera en el escenario mundial.
La herencia más cruel del colonialismo es que los países sometidos son obligados a borrar sus diferencias con las metrópolis. América Latina se hizo visible para el mundo cuando fue capaz de mostrar su verdadero rostro. En el territorio colombiano, 120 naciones indígenas entre las cuales se destacan los desiertos wayuu de la Guajira y la sierra nevada de los koguis en Santa Marta habían logrado desarrollar su cultura. A la diversidad geográfica se añadió la diversidad étnica y la maldición burocrática obra sobre este territorio riquísimo. La concepción de nación unitaria fue impuesta por el régimen colonial.
Latinoamérica fue incorporada a la modernidad mediante un discurso liberal prestado, utilizado por los libertadores para independizarse de España. Algo esencial de la democracia no logró ser instaurado en el orden social; es necesario que la comunidad sienta que la ley procede de ella, expresa su voluntad y garantiza sus derechos. Hay quien afirma que los primeros pasos en esta dirección los dio el libertador, Simón Bolívar quien renunció a enfrentarse a las potestades de la iglesia católica y entonces la educación clerical se abrió paso en la joven república.
El liberalismo fue perdiendo su proyecto histórico desde finales del siglo XIX. Se ahondó en el viejo hábito de entregarle la economía del país al mercado mundial. Esto desveló la esencia de una de las mayores derrotas históricas de la política colombiana. El discurso liberal, no tuvo suficiente asidero en la realidad social de los países. Aunque Bolívar liberó a sus esclavos, no pudo lograr que los dueños de esclavos les dieran la libertad, para demostrar que la lucha era también contra la desigualdad y la injusticia. No comprendió su conflicto con Piar en el Orinoco y Agualongo en el sur de Colombia, voceros del mundo indio. Pero fue una suerte que se abriera paso hasta Quito, y continuara su campaña hasta derrotar a España en Junín y Ayacucho, y expulsar a sus ejércitos del continente.
El período que va de 1880 a 1930, se llama en Colombia la república conservadora, corresponde a la constitución centralista de 1886, que sometió al país a una alianza entre los terratenientes y el clero. El relato de la nación se articulaba en los púlpitos; el poder religioso, el poder de la escuela y el poder del estado fueron utilizados para someter a quien no se sintiera incluido en el orden de la república.
Las élites que despreciaban al pueblo lo hacían por un sentimiento de indignidad. Menospreciando a sus paisanos se curaban del malestar de haber nacido en tierra “despojada de belleza y dignidad”. Las “plutocracias” que consiste en dar preponderancia a los ricos en el gobierno se convirtieron en una técnica para mantener a las comunidades estratificadas y con todos sus lazos rotos por la necesidad y la competencia.
La única justicia de verdad efectiva es la que no representa una venganza, que llega después de los hechos para castigar, sino la que previene de los males y se esfuerza por impedir que los hechos injustos ocurran. En Colombia, grandes sectores se han ido viendo empujados a la ilegalidad, terminan prefiriendo los caminos fraudulentos.
La dirigencia irresponsable del estado olvidó educar a la sociedad con el ejemplo, permitió que la ley perdiera su majestad a los ojos de los ciudadanos, el estado mismo se convirtió en una mole de irresponsabilidad, hecha más para entorpecer que para facilitar la vida ciudadana. La eficacia del estado consiste en gastar la energía de la sociedad en vueltas interminables por los estrechos pasillos del poder, mantener con toda severidad un orden inicuo e irracional.
La ley es el espejo donde los ciudadanos no se ven reflejados, y ello ilustra el modo como la comunidad se vio excluida desde el comienzo de las decisiones y una élite infatuada y prepotente se sintió en el derecho de emitir normas que los demás sólo tenían el deber de obedecer. Lo verdaderamente crítico son las dimensiones que esas conductas alcanzan en una sociedad como la nuestra.
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